Estaba en la oficina de la ciudad de Sandnes sola y aburrida, por lo que decidí ir al correo a buscar unos paquetes que nos habían mandado de otras oficinas de turismo. En la ciudad se estaba desarrollando el festival de ski de ruedas Blink, los competidores compitiendo en el circuito que se había armado en la calle, el presentador animando a los gritos el festival, gente por todos lados disfrutando del evento. Llego al correo, que se encuentra en un shopping, saco número y espero mientras observo una típica escena noruega de sábado: familias con nenes tomando helados, gente yendo a hacer las compras del fin de semana y mujeres mirando vidrieras. Llega mi turno y entrego el comprobante para retirar el paquete en un acto casi mecánico. En Noruega casi no existe el concepto de la charla circunstancial como existe en Argentina. Un trámite es un trámite, decís hola, presentás el recibo, pagás si corresponde y te vas. Pero esta vez la chica que me atendió me desorienta con la pregunta: "¿Estás siguiendo lo que está pasando en Oslo?" La pregunta me descoloca y le pregunto a que se refiere cuando me contesta con cara desencajada "Explotó una bomba en el centro de Oslo". Mi respuesta ridícula fue "Me ests jodiendo". Los noruegos no joden y menos con cosas como ésta. Me responde que de la vuelta al mostrador para poder ver en su monitor de la computadora las imágenes en vivo. No puedo creer lo que veo, siento un escalofrío en todo el cuerpo y el shock hace que se me llenen los ojos de lágrimas. Por primera vez en más de dos años me siento realmente unida a Noruega, siento que están atacando MI casa, MI país y el sentimiento me abruma y me confunde. Salgo del correo desorientada y recorro las pocas cuadras hasta la oficina desesperada por compartir lo que está pasando con alguien. En las calles el festejo sigue como si nada, la gente disfruta del hermoso día de verano como si nada, nadie sabe lo que está pasando. Llego a la oficina y hablo a mi marido, llamo a mi amiga Marina que vive en Oslo, que por suerte se encontraba en la cabaña de sus suegros y no se había enterado. Me paso el resto de la jornada laboral siguiendo las noticias por Internet. Estas cosas no pasan en la pacífica Noruega.
Llego a casa y me encuentro con un marido que desconozco. El tranquilo noruego que siempre tiene sus sentimientos bajo control está inquieto, desorientado y no se mueve de la televisión. El primer ministro Jens Stoltenberg da un breve discurso, donde sin nombrarlo alude claramente a un ataque terrorista islámico. La intervención de Noruega en conflictos como los de Afghanistán y Libia tendría un costo a pagar en algún momento. ¿Qué otra cosa podía ser? Los medios internacionales no dudaron en utilizar la palabra terrorismo y especialistas apresurados comenzaron a hacer análisis y conjeturas en vivo. Pero al rato empiezan a llegar los reportes de un tiroteo en Utøya, donde se estaba llevando a cabo el campamento juvenil anual del partido del primer ministro. Y le digo a mi marido sin ninguna vacilación: "Este es un noruego de ultra derecha" La prensa noruega es muy cauta y la información se va revelando con cuentagotas. Se habla de disparos. Después de heridos. Después de muertos. Primero de 10, luego de seguramente muchos más, luego de 80. Y ya todos sabemos qué pasó.
De a poco se fueron revelando las historias de vida -y de muerte- de las víctimas. Como la de Rafal Mohamad, una chica iraquí que 20 años que había llegado a Noruega con su familia el año pasado para buscar una vida mejor en Noruega. Se había afiliado al partido en gran parte para integrarse y hacer amigos; no sobrevivió. O la del chico que se tiró al agua para escapar junto a su amigo, a quien le agarró un calambre. A pesar de que ayudar a su amigo a desplazarse en el agua reducía drásticamente sus chances de sobrevivir, hizo todo lo posible para salvarlo, mientras el asesino disparaba desde la isla. O la de la chica que empezó a correr mientras la tiroteaban y veía a sus amigos caer y que se hizo la muerta por 3 horas, tirada en el barro y con los cuerpos de sus amigos encima de ella. Y entre tanto horror, historias terribles e increíbles, como la del chico de 10 años que vió como el asesino mataba a su padre y cuando estaba por correr la misma suerte le dijo "Ya mataste a mi papá, yo soy demasiado joven para morir, por favor dejame vivir". Y le perdonó la vida. Y la de la chica que alzó a upa a un nene de 5 años que estaba solo ,al cual le pidió que pasara lo que pasara o escuchara lo que escuchara no apartara la vista de su dedo meñique, para que no pudiera ver a la gente muerte tirada en el piso, y empezó a correr para salvarlo y salvarse. Esta última historia no me la voy a olvidar mientras viva.
El impacto que el atentado y la masacre de Utøya tuvieron en la sociedad noruega es algo imposible de expresar en palabras. Una enorme y punzante aguja rompió con una violencia extrema la burbuja en la que vivía este país, Que la tragedia la haya perpetuado un noruego, un noruego étnico y no el extranjero, supuesto culpable de todos los males de la sociedad, fue un gran golpe. Que el mal exista y que sea uno de ellos era hasta el 22 de julio algo impensable. Y si bien ésto suena a exageración, los que vivimos acá bien sabemos que Noruega es en gran parte una cápsula, aislada y casi impoluta, donde nunca pasa nada. O al menos así es percibida por los noruegos. Lo peor que pudiera haber pasado es que el atentado haya sido perpetuado por un grupo islámico. En ese caso el racismo se hubiera exacerbado aún más de lo habitual. Porque lo que nadie se anima a decir es que la posición ideológica del atacante respecto a la inmigración no dista de la de muchos noruegos. Solamente que gracias a Dios no hay tantos dispuestos a llevar a cabo un ataque de una lógica tan retorcida y enferma. En vez de poner ésto sobre el tapete, los medios y las mismas circunstancias vendieron la ilusión de que ésto unificaba a Noruega y a todos los que vivimos acá, que el dolor unía a la comunidad independientemente de la nacionalidad, cultura y religión. Y todos, incluso yo, nos dejamos envolver por esta brisa de precaria hermandad, que a poco más de un mes del ataque ya da muestras de comenzar a desvanecerse. Ojalá durara. Todos se lo debemos a las víctimas, adolescentes y algunos casi niños que creían que una Noruega multicultural y tolerante era posible. No hay nada que deseo más que que no los decepcionemos.
No los vamos a olvidar
8 acotaciones:
Hola Flo: Aunque lamento mucho que el atentado haya sido el motivo de esta entrada, ¡qué bueno poder saber de ti!
Saludos y no te pierdas, recuerda que queda pendiente la entrada del loco....¡jaja!
Volviendo a este tema.... mi amiga Åsta no dijo ni papa, pese a que yo sé lo que opina de la inmigración porque me lo dijo una vez. Dijo algo así como que había muchos inmigrantes en Noruega.
Hola, ¡tanto tiempo! que bueno leerte otra vez aunque lamentablemente sea consecuencia de un hecho tan lamentable; con respecto a la inmigración, quisiera preguntarte si el concepto que tienen los noruegos es parecido al que tenemos los argentinos cuando nos preguntan sobre los latinoamericanos que viven acá, es decir, qué es lo que molesta? ¿qué vivan y trabajen en el país? o que el gobierno les dé beneficios sociales, (si es que se los concede,cosa que desconozco, saludos y espero leerte más seguido.
Si, que feo fué, comparto el infarto que te has de ver llevado.
Un abrazo desde México.
Tremendo y, chocante en una sociedad como esa. En España, desgraciadamente, sabemos de eso un rato.
Saludos
Bueno, pero aquí los de ETA, ya lo van a dejar. Por Dios, qué cara + dura y que politicastros tenemos.
Sentí el vuestro.
Saludos
Hola Flor! Triste el hecho y muy conmovedor el relato. Soy Fernanda de Buenos Aires, ahora viajando por el mundo (le dí una patada al tablero). Hace mucho que no sabemos nada de vos! Escribí cuando puedas! Saludos!
Hola Flor! Feliz Año 2012! Soy Fernanda de Buenos Aires y me gustaría que publicaras mas novedades de la vida por esas latitudes! Besos!
Hola Flor, me encanta leerte. No me siento tan sola, soy peruana viviendo en Trondheim por dos anios y me identifico mucho con lo que escribes. Un beso y que te vaya bien. Nunca dejes de escribir :)
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