sábado, enero 15, 2011

Egipto

Hace algunas semanas volvimos de nuestras vacaciones en Egipto. No escribí una entrada antes porque de alguna manera el escribir sobre el viaje, el acto de rememorarlo, hace que la experiencia comience a transformarse en recuerdo, mientras que yo quería tener este viaje lo más tangible y cercano posible, por el mayor tiempo posible. Las palabras para describir un lugar tan diferente a lo que estamos acostumbrados jamás podrán abarcar al mismo tal cual uno lo percibe y lo vive; lo mismo pasa con las fotos que sacamos con el afán de capturarlo todo. Esta pretensión es, sencillamente, imposible.

Desde lo surreal que se siente estar frente a las pirámides o la esfinge, pasando por las nada sutiles miradas masculinas hasta la odisea que es caminar por un bazar, cada segundo en Egipto fue para mi una experiencia inolvidable. Salir de un local creyendo que hiciste el negocio del siglo mientras que perdiste cientos de koronas. Caminar por una zona turística donde un ejército de taxistas, conductores de kalesh y otros comerciantes hacen lo posible para llamar tu atención. La mirada dulce y curiosa de los nenes que estaban en una excursión escolar en el templo, quienes nos rodearon como si fuéramos extraterrestres, nos filmaron, dieron charla y nos sacaron fotos. La inocencia de las chicas jóvenes egipcias, que no pueden evitar mirarte con una sonrisa tímida en los labios. Los camellos, cabras y otros animales en el medio de la calle. Tomar sol mientras navegamos por el Nilo, viendo como la vida se desarrolla a la orilla del mismo, las mujeres lavando ropa, los hombres pescando, los nenes jugando, los animales pastando. La habilidad y tenacidad de los egipcios para comerciar, sorprendiéndote con frases en diferentes idiomas, haciendo lo imposible para venderte algo, ofreciéndote ofertas que terminan siendo la gran estafa, y una cayendo como una tonta (pero no me importa nada porque estoy en Egipto y ellos tienen un humor tan contagioso). Las calles y mercados solo para locales, coloridas y caóticas, con una mugre terrible y un olor penetrante. La amabilidad de los desconocidos, que sin querer nada a cambio te van saludando mientras caminás, deseándote Feliz Navidad aunque seguramente ellos no lo festejen, preguntándote de dónde sos. Bañarse en el Mar Rojo y flotar naturalmente por la gran cantidad de sal que tiene. Fumar una pipa de agua y agarrar un cocodrilo en una aldea nubia. Y tantas, tantas, tantas cosas.

Y acá va mi imposible pretensión, plasmada en algunas fotos:


















4 acotaciones:

Car dijo...

¡Qué viajecito, Flo! Pero olvidaste subir las fotos tuyas en bikini. ¡Jaja! Es broma. Me alegro que lo hayan disfrutado y espero que te ayude a pasar lo que queda del invierno en casa.

Florencia dijo...

Jaja, a lo máximo que me puedo animar es a una foto de mis piecitos en el agua, especialmente después de 7 días comiendo desayuno, almuerzo y cena buffet ;) La verdad es que disfruté muchísimo, al punto en que llegué a la conclusión de que vivo en el país más aburrido del mundo. Tanta gente soñando despierta con este país en el que me encuentro y yo sintiéndome una ingrata por pensar lo que pienso :S
Gracias por pasar siempre y dejar tus comentarios. Un abrazo!

Car dijo...

Sabes, Flo: yo creo que nunca podría mudarme a Noruega. No por el aburrimiento sino por la oscuridad del invierno. Yo necesito ver el sol sobre mi cabeza, sentir el calor en la piel. Supongo que mis estadías en Noruega serían de dos semanas como mucho y luego otra vez a casa. Y los noruegos felices por eso. Ya escuchado bastantes comentarios referidos a que hay demasiados inmigrantes. Y eso me está empezando a asustar.
Un abrazo fuerte

Retazos dijo...

Hola me encanta tu blog :o)
Concuerdo con lo del pais más aburrido del mundo jajaja Yo vivo en Noruega desde hace casí 5 años y tu blog me hizo sentirme muy identificada,las cosas que dices las he oido antes dentro de mi cabeza...

Un beso !